Beth y Felipe, el singular romanticismo y el eterno amor en una boda de otra época

En pleno septiembre de hace siete años exactamente, Beth y Felipe se conocieron de casualidad en un pub en Valparaíso, ese encuentro los llevó a entablar una linda amistad cibernética que duró varios meses hasta que comenzaron una relación. Desde el principio notaron esa conexión, una especie de sincronía implícita donde compartían gustos similares en música, comidas, y diferentes actividades recreativas. En la medida que se iban conociendo, más se iban sorprendiendo y enamorando el uno del otro, incluso las cosas más sencillas y simples eran mágicas y únicas;

“Algo que siempre recordamos con mucha gracia, fue nuestro primer beso, el cual ocurrió seguido de un cabezazo terrible que nos dimos (quizás producto del nerviosismo ajjaja), pero que seguiríamos repitiendo en situaciones descuidadas con el pasar de los años.” (Beth, 2017)

La afinidad era indiscutible, la sentían, la pensaban y vivían diariamente, compartiendo el gusto por la estética, por visitar el museo, galerías, exposiciones de arte o fotografía. Lo que más le llamó la atención a Beth, que es diseñadora, fue el talento de Felipe en la pintura de cuadros, lo que constituía una actividad recreacional importante en su vida, siendo que es de profesión kinesiólogo;

“…cuando me habló de eso me imaginé unos “croquis enmarañados” como los que yo hacía en la Universidad los primeros años, sin embargo, cuando conocí su casa me di cuenta que su talento era mucho más que eso, y claramente su gracia por la pintura me cautivó aún más.” (Beth 2017)

A los novios los unían muchas cosas, como su gusto compartido por las películas, salir a trotar por la costa de Viña del Mar (aunque la novia no sea tan enérgica como Felipe), ir en búsqueda de nuevos sabores y/o deleitarse con una visita a sus restaurantes favoritos, Beth ama la comida india y el novio, la peruana. Y entre tantas similitudes, hobbies y pasiones, hace un año decidieron adoptar a un pequeño conejito minilop, Charlie, al que les fascina sacarlo a pasear. La primera mascota de los novios había sido un hámster, Tomy, pero les había durado tan poco y la pena había sido tan grande, que, a pesar del amor de Beth por los animales, ella había pensado en no tener más. Pero luego de cambiarse de un departamento en Santiago a Viña del Mar hace tres años, la compañía de Charlie venía perfecta, considerando también que Felipe se quedaría en Santiago por motivos laborales, por lo que los novios ya no estarían viviendo juntos y haciéndose compañía.

Un sábado de junio, Felipe invitó a Beth a cenar en Capducal, un restaurant que queda a pasos de su departamento de Viña. Reservó una mesa junto al mar, con una ubicación privilegiada y alumbrada por el romanticismo de las velas, Beth no se imaginaba que esa noche sería inolvidable. De repente, Felipe sacó una pequeña caja en forma de corazón, se puso de rodillas y le preguntó si se quería casar con él, mientras le ofrecía un precioso anillo de oro blanco diseñado por Ernesto Trier de Santiago. La inminente novia, la tomó tan por sorpresa, que no fue capaz de responder nada, en su cabeza pasaban millones de ideas que no era capaz de entender del todo, ya llevaban 10 años juntos y para ella nunca había sido importante casarse, le parecía muy ajena la idea de vestirse de blanco y más encima, entrar a una iglesia siendo que no es cristiana, pero nada significaba que no, ni que dudara de querer casarse, era la simple y pura reacción de Beth, en su más puro estado de naturalidad. ¡La había tomado por sorpresa!

“Entre el nerviosismo que me generó la situación, verlo hincado con un anillo en las manos diciéndome que quería pasar el resto de su vida junto a mí, no le dije nada. Me emocioné mucho, me salieron un par de lágrimas (pensé lo difícil que habían sido mis últimos años, por procesos de duelo, y pensé en mi familia, en la gente que no estaría presente en el día de nuestra unión, me generó mucha nostalgia la situación). Pasaron un par de minutos y me dice aún no me has contestado, ahí me largué a reír y le dije que sí…” (Beth, 2017)

Pero eso definitivamente no era todo, Felipe había decidido sorprender a su novia en grande y tenía preparado un regalo especial que sabía que haría a Beth la mujer más feliz del mundo;

“…saca del bolsillo de su chaqueta un sobre negro con una ilustración de la Torre Eiffel, y me lo entrega. Le pregunto qué es y me dice nuestra luna de miel. Con gran emoción lo abrí y claro ahí estaban nuestros pasajes a Francia, él sabía que uno de mis grandes deseos era vacacionar en Paris, por lo que fue un detalle muy romántico de su parte hacer realidad estos deseos.” (Beth, 2017)

Con gran entusiasmo, comenzaron a planear su matrimonio en Viña del Mar, significaba una nueva etapa en sus vidas. Al ver el tema de la fecha, ésta debía ser antes de marzo de 2017, ya que en ese mes sería la luna de miel, por lo que fijaron la fecha del gran evento para el 21 de enero. Si bien la familia de Felipe se entusiasmó mucho con hacer algo con más gente y harta producción, la novia quería hacer algo sencillo en el campo, cercano a donde Beth había vivido por más de 20 años, Quintero, V región. Invitaron solo a los amigos más cercanos y familiares, todos aquellos que habían estado en las distintas etapas de su relación y que formaban parte de ellos y de sus vidas. El centro de eventos elegido fue La Posada del Parque, ubicada en el kilómetro cinco camino Concón Quintero, a pasos de la playa Punta de Piedra, lugar donde hicieron parte de su sesión fotográfica con la profesional Rosa Navarrete de Haz Fotografía.

“Desde pequeña crecí visitando la parcela de mis abuelos, un campo lleno de árboles y vegetación, por lo que esta idea de realizar una ceremonia y fiesta con olor a naturaleza fue como una semilla que fue germinando en mi cabeza, dando pie para elaborar un escenario que mezclara ese recuerdo antiguo con elementos contemporáneos.” (Beth, 2017)

Con el fin de no estresarse y poder disfrutar del proceso y del mismo evento, contrataron a la wedding planner Eliane de la banquetera Arroz con Leche, quien se encargó de cada detalle del evento, les dio a elegir la estética, optando por un matrimonio al aire libre con ambientación retro de los años 50, y escogieron una paleta cromática compuesta por rojo, negro, blanco y diseños de lunares, haciendo referencia al estilo pin-up o rockabilly, que es uno de los preferidos de Beth.

Haz Fotografías
Créditos: Haz Fotografías

Con wedding planner y todavía algunos meses de tiempo para organizar, la preparación se les estaba haciendo fácil, hasta que se acercaban cada día más a la fecha y empezaron a sentir el inevitable estrés de querer que todo salga según lo planeado, además, ocurrieron los típicos percances de último momento, lo que empeoró el nerviosismo de los novios. Uno de los más fatídicos fue el del auto que habían arrendado, justo había quedado en pana el día anterior al matrimonio, y el mismo día del matrimonio todavía estaba en el taller. Sin embargo, el proveedor Matias Storm de Ms Eventos fue excelente y muy responsable, ofreciéndoles otras alternativas dentro del mismo estilo por si no alcanzaba a estar listo, pero por suerte, el auto alcanzó a repararse justo para la boda.

En cuanto a las invitaciones, las diseñó y elaboró la perspicaz novia, quien, inspirada en su mascota, incluyó en la diagramación ilustraciones de conejos, y de novios con cabezas de conejitos. Los invitados agradecieron el detalle, ya que eran partes originales y hechos por la misma protagonista de la fiesta.

Beth
Créditos: Beth

Como un agregado, crearon un grupo en Facebook para los invitados, iban actualizando la página con fotos de su preboda, con datos del evento, códigos de vestimenta, indicaciones para llegar al lugar, e incluso, fotos de ellos preparando detalles de la boda. “A los invitados les encanto seguir paso a pasó a través de este grupo las actividades de nuestro evento, elaboramos un timeline que publicamos en el grupo, para ir bajando la ansiedad de los invitados en cuanto al evento.” (Beth, 2017)

Preparación de los novios

Llegó el gran día, y desde temprano los novios empezaron su preparación para lucir perfectos el día de su boda. La novia se maquilló y vistió en su departamento en Viña del Mar, del maquillaje se encargó José Rosales, quien le pintó los párpados y le resaltó los labios con un color rojo intenso, para combinar con un tono que más tarde se pondría en su pelo y su falda del mismo color. En cuanto al peinado, además de la estilosa flor, optó por un alisado japonés que se había realizado el día anterior en Lady Moustache en Santiago.

De la manicure se encargó Coqueta Nail Art, donde escogió un esmaltado permanente de manicure francesa con las uñas correspondientes a los dedos de las argollas, con un diseño rococó a mano alzada con aplicaciones de cristales.

El vestido de la novia fue una original idea dividida en dos partes, una falda tubular roja de satén, con tablas que otorgaban volumen y un body blanco de gasa y encaje escote corazón con aplicaciones de perla, ambas partes de su marca Juana Rosa.

Todo combinado con sus zapatos brasileros, estilo años 50, de marca Vizzano, de charol blancos con detalles en negro y peep toe (con abertura en la punta). Además, para bailar, y con la idea de estar cómoda en la celebración, se compró en una tienda china de patronato unos mocasines de plataforma estilo setentero.

Felipe, en cambio, se preparó en su casa de Valparaíso, acompañado en todo momento de la ayudante de Rosa de Haz Fotografía, para así poder fotografiar todo el proceso. Se le ve feliz y emocionado vistiendo un traje de la Sastrería Briff, de color gris con bordes negros, camisa blanca y un corbatín rojo para hacer juego con el look de la novia. La camisa también tenía botones rojos, detalle que Beth amó al momento de quitarse la chaqueta durante la celebración. Por último, tenía en su bolsillo izquierdo una réplica en miniatura del ramo de novia de Beth, una confección que había realizado la novia con rosas color rojo y blanco, además de plumas color negro.

La idea de mezclar las flores con plumas surgió a raíz del lugar en que celebrarían la boda, ya que la posada del parque es un lugar de avistamiento de aves en proceso de migración, por lo que a la novia le pareció entretenido utilizar esa característica y emplearla en la ambientación, estilo y tema del matrimonio.

En cuanto a los anillos de matrimonio, eligieron unas preciosas argollas tradicionales de oro amarillo en Joyería Sanz en Villa Alemana, la de la novia se diferenciaba por tener una incrustación Swarovski. Además de las alianzas, la novia usó una pulsera de plata con diseño de soles, la cual tenía un indudable significado íntimo y especial, ya que era de su hermana que había fallecido dos años atrás, la idea era llevar algo que la hiciera sentir que ella también estaba presente en ese momento. También, y para cumplir con la tradición de llevar algo prestado, se puso unos aros de corazón de su madre, todo como parte de una excepción por ser el día de su matrimonio, ya que no acostumbra a utilizar aros ni otros accesorios en la vida cotidiana.

Por último, decidieron utilizar un joyero de corazón, una pieza de antigüedad que Felipe le había regalo a Beth durante el primer año de pololeo, había sido el primer regalo que había recibido de él después de haberle comentado que era fanática de las antigüedades.

Ceremonia y sesión de fotos

Ya habían solucionado el tema del auto y por fin, pasaría el Ford 1947 negro descapotable a buscar a la novia para llevarla con glamour a la ceremonia. Cuando iban en Concón, luego de haber pasado el taco típico de la rotonda, un carabinero le hace señas al chófer para que detuviera el auto, aparentemente el automóvil se veía muy antiguo. El chófer se disponía a detenerse, mientras la novia ponía cara de “horror voy atrasada”, el carabinero justo se percató que Beth iba en la parte de atrás, se apiadó de ella y le indicó al chófer que siguiera. La novia respiró aliviada y, entre el nerviosismo y la emoción, le dijo al conductor “…menos mal, me habría tenido que casar con usted en la carretera.” (Beth, 2017)

Mientras tanto, Felipe ignoraba las razones de la tardanza de Beth y tranquilamente la esperaba en el altar. La novia, quien estaba impaciente por llegar, se bajó del auto vistiendo un estilo único y memorable, con unos tacos dignos de mencionar, pues hacían que midiera más de 1.80 cm. Cuando comienza a caminar, de pronto, siente que no puede seguir avanzando y se da cuenta que la tierra estaba blandísima, y los tacones se quedaban incrustados en la tierra. Al parecer habían regado el día anterior y todo estaba húmedo, lo que convirtió el trayecto al altar como el más largo en la vida de la novia. De fondo, el DJ, que fue parte del staff de Arroz con Leche, se encargó de darle ritmo a la caminata de la novia, con el vals de Amelie, la versión de Yann Tiersen.

No sabemos si el novio habrá pensado, en algún momento, que Beth no se quería casar, pero lo importante es que llegó al altar, con una sonrisa amplia y un brillo inconfundible que compartía con Felipe cada vez que sus miradas se cruzaban. Ante la mirada atónita de todos los presentes, se casaron, locos, jóvenes y enamorados y un “ya puede besar a la novia” fue el impulso justo, pero necesario, para que Felipe la abrazara y Beth le pasara sus brazos por el cuello para besarse, por vez primera, como marido y mujer.

Ya casados, se dirigieron en el auto a su sesión de fotos con Rosa Navarrete de Haz Fotografía, profesional que pudo captar sin titubeos el ritmo y glamour de los novios. Una tanto de trash de dress, mezclado con un entorno único para semejar fotografías vintage y comprender el estilo que los novios querían plasmar. Dejando, además, entrever un romanticismo de antaño, caracterizado por una puesta en escena de época.

“Un momento muy especial, fue cuando estábamos en la sesión de fotos, y nuestra fotógrafa, minutos antes, nos pregunta si sabíamos a qué hora pasaría el tren (estábamos fotografiándonos en la línea férrea de la playa Punta de Piedra del camino Concón- Quintero), cuando de pronto sentimos el sonido en las líneas y mágicamente aparece el tren, dejándome” toda chascona” con el viento que traía, pero fue fantástico que pasara justo en ese momento.” (Beth 2017)

Celebración

El DJ tenía una lista con todos los temas importantes para cada momento del matrimonio, por lo que los novios hicieron su entrada magistral al catering con “Kangaroo Curt” de “Capital Cities”, una canción muy enérgica que le dio ritmo al ambiente.

La decoración floral y la banquetería fue realizado por Arroz con leche, el catering fue al aire libre en la terraza del centro de eventos y finalizó con un brindis de los novios. Los novios habían realizado una prueba de menú unos meses atrás y, en esa oportunidad, se decidieron los detalles de las propuestas gastronómicas, de los tragos y cocktails para la barra libre.

La cena comenzó pasadas las 18:00 hrs y se efectuó en los jardines de La Posada del Parque, donde se habían instalado unas mesas bajo un toldo árabe, para así, disfrutar del entorno natural y campestre que brinda la posada, un lugar único, cercano a un humedal y con paisajes inolvidables.

Para el baile de los novios, decidieron no bailar vals, en cambio, hicieron una presentación grandiosa de “Pulp Fiction” con el tema “You Never Can Tell” de Chuck Berry. Un show que ensayaron muchas veces un solo día y que causó sensación entre los invitados;

“Aproveché mi melena negra al estilo Mia Wallace para pasar un momento inolvidable y hacer reír también un poco a los invitados. La verdad la coreografía Felipe se la aprendió meses antes y yo, como buena chilena que deja las cosas para después, sólo el día anterior, sin embargo, todo resultó increíble…” (Beth 2017)

La novia siempre había tenido la idea de que su fiesta de matrimonio fuera un evento divertido y poco convencional, por esa razón jugaron con la estética y decoraron las mesas con manteles negros, hicieron centros de mesas con vinilos y flores rojas “bien rockabilly”. Incluso la wedding planner, a tono con las ideas de los novios, preparó unos vestidos de origami, aludiendo a la tienda de ropa de la novia, que pusieron sobre los platos para la cena.

También eligieron un cotillón bastante retro, para las mujeres tenían accesorios de charleston, como boas de plumas, collares de perlas, guantes de encaje, tocados de flores lentejuelas y plumas. Y, para los hombres, accesorios de gánster, tales como gorros, metralletas, suspensores y pistolas.

“Esto resultó bien entretenido, ya que los invitados se sorprendieron mucho al ver sus bolsitas de cotillón personalizado. Y para mi simplemente, un sueño hecho realidad tener algo así como una fiesta de disfraces y poder disfrutar con mis amigos y familiares en un entorno entretenido y relajado.” (Beth, 2017)

Cuando llegó el momento de lanzar el ramo, simultáneamente sonaba “One way or another” de “Blondie”, todas las solteras (y no tan solteras) se agruparon para tan esperado acontecimiento. La novia tiró el ramo y cayó en manos de la polola de un primo de Felipe, pero, de pronto, unas manos por detrás de ella se lo quitan, dejando solamente una flor:

“En ese momento me doy cuenta que una de mis amigas de infancia, corre hacia a mí a abrazarme con el ramo (ya medio desarmado) y me dice: ¡amiga lo agarre! Fue fantástico porque Rosa nuestra fotógrafa captó justo el momento en donde ocurre el “robo” de ramo. Lo bueno fue que todas se lo tomaron como un hecho muy gracioso y le comentaban a mi amiga que había sido muy rápida y veloz, declarándose ganadora tras un feliz y cálido abrazo que me dio. Y debo confesar que siempre pensé que lo agarraría alguien especial, fue por ello que decidí confeccionarlo yo y que fuese el mismo con el que yo entré a la ceremonia, en cierto modo eso le dio más sentido a toda la ceremonia.” (Beth, 2017)

Luego vino el momento esperado por todos los hombres del evento, el lanzamiento del whisky, todos se empujaron y saltaron para agarrar el preciado premio, al ritmo de “Roadhouse Blues” de The Doors.

La torta de los novios era un inusual pastel que estaba al ritmo y tono de los novios, de la pastelería Color Pastel. Los recién casados habían decidido diseñar una torta con estética pin-up, para ello dejaron el primer piso en color rojo con lunares blancos y los dos siguientes pisos, de color blanco con rosas rojas. Los figurines de la torta, elaborados por Daniela Diamandis, eran una pareja de conejitos, vestidos con los colores de los atuendos de los novios. Para el corte de la torta, sonaba fuerte y claro el tema “Easy” de Faith no more.

El resto de la música de ambiente fue jazz y ochentera. Y para la fiesta, rock and roll, twist, pop ochentero y new wave. Todo ambientado, diseñado y especialmente preparado para transportarse en el tiempo y vivir en el 2017, una fiesta, literalmente, de otra época. Y, por si todos estos detalles fueran poco, la novia creó ella misma los recuerdos para los asistentes, como buena diseñadora, imparable en creatividad, compró figuras de conejitos en colores blancos y rojos, y los utilizó para crear llaveros que llevaban una parejita.

Una inolvidable y original fiesta de bodas con muchos colores, combinaciones, estilos, tonos, música y lo mejor, mucha buena onda y amor. ¡Muchas felicidades por su boda y su magnífica luna de miel y muchas gracias por compartir su historia!

Anillo de compromiso: Ernesto Trier | Centro de eventos: Posada del Parque | Fotografía Haz Fotografía | Wedding planner, Banquete y Decoración: Arroz con Leche Eventos | Automóvil: Matias Storm de Ms Eventos | Maquillaje: José Rosales Make-Up Artist | Alisado japonés: Lady Moustache | Manicure: Coqueta Nail Art | Atuendo novia: Juana Rosa | Zapatos novia: Vizzano | Traje Novio: Sastrería Briff | Argollas de matrimonio: Joyería Sanz | Torta: Color Pastel | Figurines torta: Daniela Diamandis

Contacta con las empresas mencionadas en este artículo

Danos tu opinión

Créditos: Cinekut
Francisca y Felipe, ¡ocho años de amor y una promesa de eterna complicidad!
El amor por los viajes, su compañerismo, complicidad y la convicción de que juntos hacen más que separados, es lo que enamoró a esta pareja que se adora. ¡No te puedes imaginar la sorpresa que la novia le tenía a su amado el día del matrimonio!
Créditos: Valerie y Álvaro
Dani y Baird, ¡una propuesta sorpresa con mucho sol, arena y entretención!
En 6 meses organizaron el más estiloso de los matrimonios, muy entretenido dieron el sí en un altar en la arena y frente al mar ¡con miles de detalles imperdibles!
Créditos: Valerie y Álvaro
Dani y Jorge, ¡cuando se tiene la suerte de coincidir!
Enamorados, alegres y románticos celebraron un matrimonio lleno de detalles especiales, convirtiendo a las grullas de papel en el símbolo de su eterno amor, ¡una historia imperdible!

Crea gratuitamente la web perfecta para tu boda

100% personalizable y con cientos de diseños para elegir. Ver más diseños >

¡Tu empresa también puede estar en Zankyou!
Si tienes una empresa de bodas o eres un profesional, Zankyou te ofrece la oportunidad de dar a conocer tus servicios a miles de parejas de novios que nos eligen para organizar su boda en 23 países. Más información